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PERROS DE SALVAMENTO
Artículo escrito para la revista "Nuestros perros", nº 6 Julio-Agosto 1998
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LOS PERROS «ANTICATÁSTROFE» SON EJEMPLARES ADIESTRADOS PARA LA BUSCA Y EL SALVAMENTO DE PERSONAS SEPULTADAS BAJO ESCOMBROS, HUNDIMIENTOS DE TODA CLASE, INCENDIOS, CONSTRUCCIONES QUE AMENAZAN RUINA Y CON ACCESOS DIFÍCILES, GRAVES CORRIMIENTOS DE TIERRAS, DESBORDAMIENTO DE RÍOS, CATÁSTROFES FERROVIARIAS Y AEREAS, ACCIDENTES DE FABRICAS, MINAS.
Con el fin de seleccionar guías y perros aptos para trabajos de salvamento, el 1 de mayo de 1958, se puso en vigor el Reglamento Internacional y Normas Generales de Calificación de los Equipos de Salvamento.
Después de más de treinta años de experiencias y con una continua adaptación de los más recientes criterios, los perros que superen estas pruebas pueden ser considerados aptos como perros de salvamento. El perro de catástrofe trabaja siempre unido a su propio conductor en un equipo denominado «K-TEAM» por los suizos.
Es necesario que guía y perro no estén nunca separados, ni durante el aprendizaje, ni en la vida común: solo así podrá existir un perfecto entendimiento indispensable para obtener unos buenos resultado del «K-TEAM». En caso contrario, el perro de salvamento será ineficaz.
Podrán ser admitidos a los equipos de salvamento «toda clase de perros» que demuestren aptitud y superen las pruebas de selección.
Es muy importante el carácter y las cualidades físicas: muy resistente, sano, equilibrado, apasionado por el juego y a continuación por el trabajo, sociable, no miedoso, pero tampoco agresivo, infatigable, activo, con buena capacidad asociativa, con excelente olfato que aprenderá a usar muy bien, no pendenciero con otros perros.
Será sometido a un examen de aptitud, reacción ante el ruido, al terreno en pésimas condiciones, prueba de adaptación al conductor y se buscarán todas las cualidades antes citadas.
El perro es adiestrado al juego: trozos de tela, cuero, piel, lana unidos entre sí, llegarán a ser su juego favorito. Escondido superficialmente en un principio, se repetirá cada vez a mayor profundidad, el perro buscará aprendiendo a usar su olfato, señalándolo rascando con la pata y ladrando, parado en el lugar donde lo haya localizado, hasta que lo alcance el conductor.
Con el juego se esconderá primero el conductor, después, una persona amiga del perro, posteriormente otra, hasta que un buen día el perro buscará sin tener necesidad de algo convencional. Esto sucederá cuando el perro haya asociado la presencia del olor humano vivo con la posibilidad primero de jugar, después de recibir del conductor alabanzas entusiastas.
En su mente asociará: juego, alegría y satisfacción; olor humano vivo: alegría y agradecimiento. Más adelante, se cumplirá en el discípulo el milagro completo: será él quien gozará cada vez que encuentre un ser humano sepultado y desde este momento buscará con pasión, sin escatimar esfuerzos, como sólo un perro sabe hacerlo.
La segunda fase del adiestramiento consiste en enseñarle y familiarizarse con cualquier tipo de terreno y situación atmosférica (lluvia, nieve, sol), ruido de excavadoras mecánicas, tractores y demás máquinas perforadoras de terreno, sirenas, helicópteros, gritos; luces de proyectores para trabajar de noche, con frío o calor, polvo, humo y con mucha gente, es decir en un ambiente de ato londramiento y caos. El perro trabajará en condiciones particularmente difíciles, como las que se puede encontrar en la realidad en pueblos y lugares desolados por la catástrofe. Aprenderá a subir y bajar por montañas de escombros, a abrirse paso evitando riesgos, a pasar sobre troncos o vigas elevadas, a subir y bajar por escaleras de barrotes y subirse a cualquier elemento improvisado para olfatear por todos los lados y en todas las situaciones, siguiendo todo el territorio en busca del olor emanado por un cuerpo sepultado, en medio de centenares de olores. Haciendo estos recorridos, estará concentrado demostrando su afición al trabajo, manteniendo siempre el hilo de comunicación que debe existir siempre entre el perro y su conductor.
La tercera fase de adiestramiento se basa en la obediencia y compenetración entre conductor y perro, con el fin de que este último pueda ser guiado a distancia.
Ocurre con frecuencia, en situaciones peligrosas, que el hombre no puede pasar y es necesario enviar solo al perro rastreando: atento y veloz; pudiendo entonces controlar que el perro explore todo el terreno y en caso de peligro, detenerlo y sugerirle otro camino, ayudándolo con escaleras o similares para poderlos emplear como pasarela.
La selección se efectuará también sobre quien conduce el perro. Un excelente perro de salvamento que tenga un pésimo conductor, trabajará mal.
La persona tiene que ser sana, equilibrada, haber cumplido los dieciocho años de edad y haber superado satisfactoriamente un examen médico-deportivo; estar vacunado contra el tétanos, ser independiente, desinteresado, lleno de iniciativa y capacidad organizativas, leal, tenaz, con buena relación con su perro y con buen control de nervios en cualquier circunstancia, para no influir negativamente en el
perro, muy sensible a los estados de ánimo de su dueño.
Además deberá ser consciente de los riesgos y dificultades que puede encontrar debidos a los problemas psicológicos y técnicos que conllevan las catástrofes.
Debe estar dispuesto a un constante entrenamiento con su propio perro, en cualquier situación ambiental y atmosférica, libre para en caso de llamada urgente, partir inmediatamente, con la mochila al hombro preparada para una ausencia de varios días. Debe pues, tener el espíritu propio de los voluntarios de protección civil.
Durante el curso, aprenderá a usar la radio transmisora-receptora, estudiará topografía, nociones de primeras curas, humanas y veterinarias, así como técnica de comportamiento y supervivencia en las catástrofes.
En caso de intervención, el «K-TEAM» debe procurar actuar y so brevivir de forma autónoma durante las primeras 48 horas, sin apoyo de otras organizaciones, dado que debe ser el primero en llegar al lugar del desastre.
Su rápida intervención y la exactitud en determinar el lugar preciso, supone para la víctima la posibilidad de sobrevivir. El trabajo se limita a tres o cuatro días, pasado este período, el trabajo del perro se ve disminuido, por la humedad, el polvo, el movimiento mecanizado de los escombros, factores que reducen sus facultades olfativas, aparte de que la supervivencia de los sepultados se reduce casi a cero pasado este tiempo.
El conductor, al llegar al lugar de la catástrofe, se informa exactamente de la situación, acotando el terreno a rastrear y con ello deja al perro incitándolo a buscar.
Donde «señala» con ladrido insistente y rascando, el conductor planta una bandera de señalización y si hay otro perro, también pasa éste, si el segundo también señala, el conductor avisa por el radiotransmisor a la unidad móvil, dando la posición; entonces reemprende el trabajo con su perro, dejándolo nuevamente suelto.
Un perro de salvamento bien preparado puede olfatear en una hora 1000
m2 de terreno en malas condiciones y, durante 24 horas, con los descansos necesarios, puede incluso superar los 5000 m2.
Durante entrenamientos en cúmulos de escombros, de hasta cuatro metros de altura, los perros pueden llegar a detectar en seis minutos, a 9 de 10 personas sepultadas. Los más modernos aparatos electrónicos sólo indican 3, empleando para ello doble tiempo y siempre que las víctimas hayan dado señales acústicas, en el silencio más absoluto. Es evidente pues, que hasta ahora, la salvación de personas sepultadas depende más de los perros de salvamento.
Fuente: Revista "Nuestros perros", nº 6 Julio-Agosto 1998 |