Diagnóstico, prevención y tratamiento de las enfermedades estivales
COMO TODOS LOS AÑOS, PROPORCIONAMOS DESDE ESTA SECCIÓN DE VETERINARIA PARA EL PERRO DE CAZA UNA SERIE DE CONSEJOS RELACIONADOS CON EL VERANO, EL CALOR Y LOS CAMBIOS DE MANEJO DURANTE ESTA ESTACIÓN.
Cuatro son los puntos clave que hay que recordar: prevención de enfermedades transmitidas por parásitos; golpe de calor; cambio de alimentación y adaptación a la temperatura y, por último, periodo de inactividad y desentrenamiento. Comenzamos por el primero:
En las enfermedades del verano, los parásitos no producen gran afección sobre un perro sano, incluso cuando llegan a ser relativamente abundantes. Así, un número importante de garrapatas, a pesar de que succionan cierta cantidad de sangre, no parecen afectar mucho a sus portadores. Con las pulgas, aunque más molestas por el picor y la irritación que producen en la piel, pasa lo mismo. Incluso lo mosquitos tienen menor importancia, ya que no provocan en los perros los molestos abones que sufrimos los humanos.
La verdadera importancia de estos parásitos estriba en que son vectores de enfermedades, algunas de ella muy graves. Enfermedades como la leishmaniosis -enfermedad del mosquito-, filariasis -enfermedad del corazón-, babesiosis, etc., son transmitidas por parásitos externos. Hay que recordar que algunas de estas enfermedades pueden ser mortales, y muchas de ellas son crónicas o muy resistentes a los tratamientos.
También hay que saber que estas enfermedades se dan por zonas. O mejor dicho, que los diferentes tipos de parásitos tienen ciertas preferencias por determinadas zonas o habitáis, por lo que las enfermedades estarán presentes precisamente en estas zonas donde habitan los parásitos. Por lo cual, cuando un propietario se desplaza a un determinado lugar de vacaciones con su perro, es importante consultar con el veterinario, al objeto de que indique cuál es el tratamiento preventivo más idóneo que debe aplicar.
El CALOR, EL PEOR ENEMIGO.
El calor puede matar, y la situación más característica en la que esto ocurre se da cuando un animal está expuesto al sol en un espacio muy reducido sin ventilación, por ejemplo dentro de un coche. Entonces la temperatura puede pasar de los 60 °C y la temperatura corporal del perro, habitualmente de 38'5 °C, puede ascender hasta los 43 °C, lo que llamamos hipertermia. Esto hace que el perro busque con extrema ansiedad un modo de salir del lugar, provocando todavía más excitación y por lo tanto más subida de la temperatura.
Lo primero que apreciamos cuando esto ocurre es al animal muy jadeante, con respiración muy rápida, babeando en abundancia y muy acalorado -es decir, con todos los mecanismos de refrigeración en marcha-. Las mucosas aparecen oscuras y congestivas. Si le tomamos la temperatura, ésta estará en torno a los 40-41 °C. Si la hipertermia persiste durante cierto tiempo, se produce daño o muerte celular en diferentes órganos, de especial importancia a nivel del sistema nervioso central, donde se produce un edema cerebral, y en otros órganos como riñon, hígado o aparato circulatorio. También ocurren alteraciones a nivel de la coagulación. En una fase más avanzada, pueden aparecer vómitos y diarrea sanguinolenta, así como síntomas de shock, estados de estupor e incluso de coma, y la muerte. Este es el cuadro de lo que llamamos un golpe de calor.
Lo primero y más inmediato que se debe hacer ante esta situación, es tomar la temperatura al animal para saber el grado de hipertermia al que ha estado sometido. Bajar la temperatura y rehidratarle será lo inmediato. Debemos humedecerle con agua fría, situarlo en un lugar fresco, sombreado y con buena aireación. Permitir que beba agua -o mejor suero- a intervalos cortos. Si la temperatura está muy alta lo mejor es sumergir al animal en agua dándole suaves masajes en la piel para incrementar la circulación sanguínea, la vasodilatación y, a la vez, la refrigeración. Se debe controlar la temperatura cada 10 minutos hasta que descienda a los 38'5 °C.
LA DIETA.
Para que un perro esté en perfectas condiciones de alimentación, hay que cuidar dos aspectos: la calidad y la cantidad del alimento. En cuanto a la calidad, hay que buscar un buen pienso y para ello el veterinario nos puede asesorar para elegir una marca que guarde una buena relación entre el precio y la calidad, y sea la idónea para el tipo de perro y la actividad que realiza.
Queda en manos del dueño la salud del perro buscando el equilibrio en la cantidad. Todo se resume en un problema de gastos e ingresos. Un perro consume una cantidad de kilocalorías al día, entre 1.500-2.000 küocalorías/día aproximadamente, por lo que el pienso debe suministrarle estas cantidades. Las necesidades en kilocalorías disminuyen en verano, ya que necesita menos energía para mantener la temperatura corporal y, al estar fuera de la temporada de caza, los perros se mueven menos y por lo tanto consumen menos energía, por lo que simplemente disminuiremos la ración de pienso o daremos un pienso de mantenimiento. Si comenzamos a cazar la codorniz, las necesidades aumentarán, por lo que también aumentaremos el pienso o pasaremos a un pienso más energético.
¿Cómo sabremos si lo estamos haciendo bien? El peso es el mejor aliado. Cuanto menos varíe el peso del perro durante el reposo del verano a la actividad el invierno, más exactamente estaremos ajustando las necesidades calóricas de cada estación.
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| El calor puede matar, y la situación más característica en la que ocurre esto se da cuando un animal está expuesto al sol en un espacio muy reducido sin ventilación, por ejemplo dentro de un coche. Una sombra siempre es buena durante los calurosos días de verano. |
DESENTRENAMIENTO.
Un atleta de alto rendimiento no puede mantener unas condiciones de máximo esfuerzo durante periodos de tiempo largos; también necesita periodos de reposo para que el organismo se recupere, de lo contrario puede entrar en fase de agotamiento.
En los perros de caza ocurre algo similar. Este hecho fisiológico de necesitar periodos de reposo entre los periodos de máxima actividad, se combina muy bien con las temporadas de veda. El periodo de veda se puede utilizar como fase de recuperación para evitar que el animal caiga en extenuación.
Hay que saber que un buen entrenamiento se pierde en 4-8 semanas, y que no es bueno que los picos entre el máximo entrenamiento y el reposo estén muy alejados, es decir, es negativo que durante la veda el perro no haga ningún ejercicio y durante la temporada someterle a un máximo rendimiento. Por ello es prudente tener un plan de ejercicios o "desentrenamiento" durante la temporada de veda. El tema es mucho más sencillo de lo que parece a primera vista. Basta con sacarlo un par de veces por semana para que corra y haga ejercicio durante 30-60 minutos.
Esto le va a permitir tener una "base" de ejercicio, fondo y tono muscular, y será mucho más fácil ponerle en plena forma cuando comience la temporada.
El entrenamiento fuera de la temporada de caza debe ir encaminado, por lo tanto, a mantener un estado físico óptimo, que junto con un peso óptimo va hacer que el reinicio de la temporada sea más fácil, suave y evitar los picos entre fase de actividad e inactividad.
El mantenimiento fuera de temporada lo basaremos en tres puntos:
- Ejercicios que permitan mantener la forma física, la
fuerza y la resistencia muscular, lo que se consigue con un
programa de carreras de baja intensidad un par de veces
por semana.
- Un máximo de juegos, con el dueño y con otros pe
rros, que proporcionen a animal esparcimiento, placer y
un equilibrio emocional.
- Mantener al animal en su peso óptimo.
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