De todos los problemas que me plantean los cazadores, relativos al manejo de sus perros, tres se repiten con mucha frecuencia: perros que se retiran demasiado del cazador, los que tienen problemas con el cobro y los que se asustan de los disparos. En este artículo vamos a tratar este último tema, el de los perros que se asustan con los tiros. Empezaremos por ver cómo evitamos el problema antes de que comience. Para ello acostumbraremos a las detonaciones a los cachorros desde edades muy tempranas, y en general a los ruidos fuertes. Hay una edad crucial para esto, el periodo de sociabilización. Durante esta etapa, que va de los 20 a los 90 días aproximadamente, el cachorro establece los vínculos con el mundo exterior, unos vínculos que serán permanentes para toda su vida y no muy fáciles de cambiar. Por lo que todo lo que vea, escuche y con lo que se
relacione durante esta etapa de su vida, para él será algo normal en su vida cotidiana. Además, durante esta etapa del desarrollo psicológico, los cachorros no se asustan de casi nada, por lo que los ruidos fuertes apenas les producen sorpresas.
¿Cómo les enseñaremos? Es muy sencillo. Dispararemos con una pistola de detonaciones, o simplemente haremos ruido golpeando un envase de lata caza vez que les pongamos dc comer. Es sorprendente lo poco que les intimidan los ruidos fuertes a esta edad, y se acostumbran a ellos inmediatamente.
Continuaremos exponiéndoles a las detonaciones o a los ruidos hasta que les saquemos al campo y comiencen a cazar, y estemos seguros dc que no se asustan de los disparos. Este es el método más seguro y que funciona al cien por cien en todo tipo de cachorros. 
Cómo corregir el problema
El caso del perro adulto que se asusta de los tiros, no deja de ser complejo, y requiere atención y conocimiento para corregirlo. Hay que saber que no todos los perros con este problema se pueden recuperar, y algunos de ellos hay que desestimarlos. Antes de plantearnos la solución del problema, tenemos que observar varias cosas, para saber las probabilidades de solución, y si nuestro alumno va ser un posible candidato a ser recuperado. Hay que intentar tener toda la información posible de su vida anterior, especialmente dónde estuvo durante su etapa de sociabilización y si en su línea genética existen antecedentes de perros que se asustaban de los disparos. El miedo a las detonaciones puede ser algo genético, o mejor dicho, lo que es genético es un carácter tímido y asustadizo que les hace temer a las detonaciones o a cualquier ruido fuerte. Corregir este problema resulta muy difícil en perros con carácter muy tímido, especialmente si es genético, y menos complicado en perros mal socíabilizados, ya que estos últimos, poco a poco y con mucha paciencia, pueden reconducirse hacia una conducta más normal.
Para solucionar el problema, y antes de exponer al perro a las detonaciones de las armas de fuego, hay que recorrer dos caminos. El primero es establecer un buen vínculo entre el educador -adiestrador o propietario- yel perro. Cuanto más tiempo dediquemos al perro, especialmente compartiendo el tiempo en actividades que al animal le diviertan, como salir de paseo al campo o educarle en cosas básicas y siempre con refuerzos positivos, más estrecharemos el vinculo entre uno y otro, y el perro estará cada vez más motivado a realizar cualquier actividad que se le proponga.
Lo segundo que tenemos que hacer -y que es perfectamente compatible con lo primero- es estimular el instinto cazador del perro, es decir "picarle" con la caza, cuanto más se excite con la pieza, más fácilmente corregiremos los miedos a los ruidos. Este va a ser un punto clave ya que si el perro no tiene suficiente instinto cazador y no se excita con la caza, más difícil será corregir el problema. Yo llevo a mis perros a un coto de caza intensivo y les dejo que levanten y corran una y otra vez detrás de la pieza -habitualmente codornices-, incluso les dejo que las cojan después de varios vuelos. Esto les estimula mucho su instinto, y les "pica" con la caza. Llegados a esta etapa, cuando el perro levanta una pieza y sale excitado en su persecución, hago un disparo con un arma de fogueo. Si hemos hecho bien el trabajo previo, un perro en plena persecución de la pieza parece que se vuelve sordo a los disparos, y que en ese momento no ve más que volar el pájaro. Repetiremos esto varias veces, hasta estar seguros de que el pájaro en vuelo y el disparo son compatibles, y el perro no se asusta.
El último y definitivo paso será matarle alguna pieza a la vista del perro. Tiene que asociar el disparo con la muerte de la caza, entonces estableceremos un condicionamiento con el ruido de la detonación y la muerte de la pieza, y esto nunca se le olvidará. El problema estará así solucionado para siempre.
Lo que no hay que hacer
Esta técnica que he explicado es la que mejores resultados da, basándose en lo que denominamos educación natural, ya que utilizamos los instintos naturales del perro como herramienta básica en su educación. Existen otros buenos métodos, que también pueden ser más o menos efectivos, aunque éste es el que tiene más garantía. Pero también existen otros que son totalmente contraproducentes. Todavía hay gente que con estos perros que se asustan de los disparos los lleva una cancha de tiro y los ata allí, hasta que se acostumbran. Y hay perros que lo hacen, pero son una minoría. La mayoría de perros, sin ningún estímulo positivo hacia los ruidos y atados sin capacidad de escapar en una situación de indefensión, terminan mucho más aterrorizados de lo que estaban. En este caso, el dicho de que "si no quieres taza, toma taza y media", no funciona.
Con un poco de paciencia y sentido común, aplicando el método descrito, podemos recuperar muchos de estos perros que, con paciencia, pueden llegar a ser magníficos en la caza. |