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AGILITY:
LA PREPARACIÓN FÍSICA DEL PERRO DEPORTIVO
Artículo escrito para la revista "Nuestros perros", nº 2 Noviembre-Diciembre 1997
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En la mayoría de las actividades de trabajo deportivo, el perro debe realizar intensos esfuerzos físicos. Normalmente da la impresión que estos ejercicios los realizan con facilidad y sin verdadero esfuerzo, como si el perro tuviera habitualmente que estar en gran forma física.
Una de las razones principales para preocuparse por la condición física, es que a la larga, ésta, interviene en la mente del perro y puede ella sola, transformar el entrenamiento en un placer o en un triste trabajo rutinario. Todos los cinófilos lo saben; los perros que van con moral, convierten el entrenamiento en un juego feliz y distendido y progresaran a pasos agigantados. Durante los entrenamiento largos o fatigosos para el perro una buena condición física, será la garantía de una motivación completa.
Conviene prever pues una buena preparación física para que el trabajo se convierta en una agradable tarea.
El mejor medio de prevenirlo es la carrera a poca velocidad. Pero antes de ver como realizar estas secuencias de footing de la manera más provechosa, veamos como se manifiestan los beneficios del entrenamiento en el perro.
La actividad física va a desarrollar el volumen de su musculatura y al mismo tiempo la adaptará a cierto tipo de esfuerzos además de desarrollar su sistema cardio-vascular. De echo, se van a mejorar todos los sistemas respiratorios.
Existe un medio de evaluar toda mejora de la condición física del perro. Es el control de las pulsaciones. Trataremos de ver más detalladamente, que pasa cuando el entrenamiento da sus frutos, concretamente a nivel del corazón y del ritmo cardíaco. Se ha demostrado que los esfuerzos de larga duración y de intensidad media, tienden a modificar la conformación de los músculos, pero también de ciertos órganos como el corazón. En estas condiciones, el volumen de la cavidad interna cardíaca, aumenta a medida que se van sucediendo sesiones de entrenamiento. A cada pulsación, el corazón puede impulsar una mayor cantidad de sangre, sin por esto, aumentar la frecuencia de los latidos. El corazón se fatiga menos.
Este es el principio de una buena condición física. Se llama a este tipo de entrenamiento "resistencia". Es la base de todos los deportes humanos y debe de ser aplicado en el perro. Este entrenamiento se puede comenzar a cualquier edad, pero es preferible comenzar cuando el perro es joven.
Cuando hay actividad a fuertes intensidades, "trabajo en potencia" sin haber practicado anteriormente entrenamiento en "resistencia", el corazón es rápidamente excitado y la frecuencia de los latidos supera las 150 pulsaciones por minuto. En este caso, la masa muscular de las paredes del corazón aumenta y este engrosamiento, genera una disminución de la cavidad interna cardíaca. A cada pulsación, el corazón bombea una menor cantidad de sangre, teniendo que aumentar la frecuencia de los latidos. El corazón se fatiga más. Mucha atención con este riesgo, para los perros que practican Agility, sin haber entrenado inicialmente en "resistencia".
El problema es que este proceso es irreversible y que impide los beneficios de un posterior entrenamiento en "resistencia". Los entrenamientos en "resistencia" aportan evidentemente otras modificaciones sobre el sistema vascular y sobre la musculatura, de ahí la importancia de alternar entrenamientos en resistencia (carreras al trote y al galope) con las secuencias de los entrenamientos en potencia (saltos, empalizada, etc). Los perros jóvenes han de comenzar con sesiones de largos paseos sin esfuerzos violentos, antes del entrenamiento para el deporte específico.
Pero todo el mundo no exige lo mismo de su perro y lo que sí es importante, es que los largos paseos a poca velocidad, garanticen resultados todavía mejores, tanto en los esfuerzos breves como en los de fuerte intensidad. A los seis meses de entrenamiento regular, se debe apreciar una baja en el ritmo cardíaco.
La velocidad del pulso al principio importa poco; lo que cuenta es bajar esta frecuencia. Tampoco debemos caer en la tentación de comparar el pulso de dos perros, ya que como referencia es nula. Para comprobar el pulso de vuestro perro, tomarlo sobre la arteria femoral, en la parte interna del muslo, cuando el
perro está en reposo. A título de orientación, un perro de 30 kg. bien entrenado, estará sobre las 50 pulsaciones por minuto.
Correr con vuestro perro es un verdadero placer y tendréis las mismas ventajas que si os esforzáis con algún otro deporte. Sin embargo, si la carrera a pie os causa cansancio, tenéis la posibilidad de acompañarle en bicicleta. Dejarle iniciar la marcha y que tire ligeramente de la correa que llevaréis enganchada a la cintura para tener las manos libres.
Si tenéis una pequeña manada de tres o más perros, la solución es utilizar el carro de entrenamiento para perros de trineo, es la mejor manera si vaciláis en dejar correr a vuestros perros en libertad.
La duración es un factor importante. Si el perro no está acostumbrado a correr, al principio no rebasar la media hora, tratando paulatinamente de aproximarse a una hora. Para los perros bien entrenados, se puede rebasar las dos horas sin problemas. No obstante, en los largos paseos, editar los fuertes calores, son muy peligrosos para nuestros amigos, y prever que por la ruta a seguir haya fuentes. Una o dos sesiones semanales, además de los entrenamientos específicos, son suficientes.
Fuente: Revista "Nuestros perros", nº 2 Noviembre-Diciembre 1997 |