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ADIESTRAMIENTO - EL PERRO DE COMPAÑIA II- PAUTAS PREVIAS
Artículo escrito para la r evista "Nuestros perros", nº 2 Noviembre-Diciembre 1997 |
El lenguaje hablado es una actividad que nos distingue del perro en la medida que nos permite dar nombres a las cosas que no conocemos, así como considerar situaciones abstractas. Pero el perro tiene igualmente su forma de lenguaje, cada vez más amplio con el transcurso de los años de convivencia con el hombre.
El perro sabe hacerse comprender cuando desea alguna cosa. Usted está sentado en el sillón y es la hora del paseo, él se desplazará frecuentemente hasta delante suyo y gemirá dulcemente. En lugar de no hacerle caso, levántese y sígale. El le conducirá moviendo la cola hasta el lugar donde está el collar y la correa. El perro, en éste como en otros casos, habrá expresado de forma inteligente su necesidad de hacerse entender.
De igual manera, el hombre debe obtener una obediencia a sus órdenes, a condición de que, como ocurre con su compañero, ésta tengan un motivo y no sean anárquicas, sin relación de ejecución hasta su culminación.
La comunicación o inducción, sólo se puede apreciar si nos ponemos a su altura, o lo que es igual, actuando en términos caninos y estimulando sus sentidos de forma adecuada para obtener nuestros propósitos.
La habilidad de un perro para asimilar o comprender la orden de una acción, es muy semejante a la de un niño que aún no ha aprendido a hablar. Konrad Most nos expone un ejemplo muy elocuente sobre este tema: Supongamos que ambos, el niño y el perro, van a ser fotografiados; sería una pérdida de tiempo explicar a los dos las intenciones y necesidades del fotógrafo.
Ellos no entienden de fotografía, ni de sus técnicas, tampoco adelantaríamos nada si les decimos "estaros quietos "; tanto si es una orden o una súplica. El sonido de las palabras seria como un eco que se pierde poco a poco, sin producir ningún estímulo. Por esta razón, debemos apelar únicamente a los "sentidos", con el propósito de obtener lo que deseamos de ellos.
Ahora bien, si "restallamos algo", los dedos por ejemplo, el chasquillo atraería su atención y con ello, la "inmovilidad" por un instante. Consecuentemente, la conducta deseada se ha logrado, y la foto ha sido tomada sin que ninguno de los dos sepa nada del significado o los motivos de nuestras intenciones fotográficas. ¿Cómo ha ocurrido ? El chasquido ha producido un ruido y éste una "impresión " en su sentido auditivo, esto es lo que llamamos "estímulo sensitivo".
Tanto el hombre como el perro, poseemos cinco sentidos, y por cuanto al perro se refiere, cada uno de ellos responde con el estímulo apropiado a la estructura física de cada uno de estos órganos sensoriales. En el caso concreto del niño, tan pronto como aprende a hablar, la situación cambia por completo, pero en el perro perdura para siempre. Por esta razón, es tan importante que basemos nuestra enseñanza en cualquier tipo de acción, en el uso y estímulo de sus sentidos naturales para obtener nuestros objetivos, con una mayor rapidez y facilidad para ambos.
Ciertos comportamiento tienen su fuente en reflejos instintivos, pero en un porcentaje elevado, son determinados por el aprendizaje; es decir, por la experiencia. Después del periodo crítico (convivencia con el hombre y con otros perros; entre uno y cinco meses según que autores) hasta la educación, el pre-adiestramiento y el adiestramiento.
La memoria asociativa del perro condiciona su inteligencia, comparando una situación que se le presenta bruscamente con sus experiencias pasadas. Es la "prudente paciencia" la que debe guiar al maestro en la educación del cachorro, en el enfrentamiento progresivo a multitud de situaciones.
Es preciso ponerse en la situación del cachorro para descubrir las cosas más banales; su instinto de conservación le incitará a huir de todo lo que le resulta extraño y habrá que enseñarle lo inofensivo de cada cosa.
Su sentido de la imitación, de la curiosidad, de la jerarquía, le llevan a observarnos continuamente, aunque no nos demos cuenta de ello, de la misma manera que copia las actitudes de su madre, es ahora cuando nosotros nos vamos a convertir en el modelo de su existencia. El es sensible a nuestra
voz, a todos nuestros gestos y estados de ánimo.
Para desarrollar esta inteligencia, es preciso hacerle participar lo más posible de nuestros paseos y nuestra vida familiar, sin llegar al sentimentalismo excesivo y convertirle en el "niño mimado" de la casa.
Desde los primeros meses, siempre a modo de juego y de forma casual, se pueden conseguir buenos resultados en la enseñanza del perro, para ello lógicamente debemos disponer de tiempo y "ganas de jugar" con él. Todo aquello que durante la infancia se aprende jugando y por lo tanto de buen grado, por lo general suele perdurar, si bien debemos de tener en cuenta que tanto el hombre como el perro, podemos tener nuestros días malos en los que no nos apetecen ni el juego ni las bromas.
El adiestramiento o educación del perro en este periodo, es más o menos comparable a las definiciones de preescolar en los adolescentes. Es en sí, una preparación para estudios superiores.
Los diversos ejercicios que componen toda educación o adiestramiento como base, son más o menos como el abecedario; letra por letra son diferentes, pero juntas forman palabras y entre éstas, oraciones, etc. En el adiestramiento del perro, las lecciones le son introducidas una por una, de forma progresiva y en sucesión. Entre sí son diferentes, pero combinadas forman ejercicios prácticos y con estos a su vez, acciones de uso práctico en la vida real.
El éxito en el adiestramiento, se consigue mediante una serie de repetición de estos actos en forma de ejercicios, siempre acompañados simultáneamente de una orden verbal, que con la repetición, será el "estímulo" que posteriormente moverá al perro a realizar la acción requerida.
Las órdenes o estímulos auditivos se darán con palabras muy cortas, preferentemente monosílabos, de clara y precisa pronunciación. En esta fase de iniciación las órdenes deben ser pronunciadas cuanto más suaves mejor, ya que son "el sonido y tono de voz" y no su volumen, lo que controla al perro. De esta manera además, no solo se obliga al animal a prestar más atención a su amo, sino que también se le acostumbra a concentrarse en el trabajo.
Al comienzo del adiestramiento, las órdenes verbales o de cualquier tipo, deben ir siempre acompañadas por influencia física, gestos y muchas alabanzas que denoten alegría; el perro, por supuesto que no las
entenderá, pero si advertirá el tono contento de su amo. De cualquier forma, no podemos esperar que al enseñar al perro un ejercicio, éste comprenda de inmediato lo que tiene que hacer o asociar la orden con la acción requerida. Para conseguir esto, la misma orden y tono de voz, deberán ser practicadas en varias ocasiones.
Para la práctica de estos ejercicios, es aconsejable al principio utilizar siempre el mismo lugar, de esta forma, el perro aprende más asociando ciertos sucesos con ciertos lugares, ruidos y personas, y a reaccionar en consecuencia. El perro debe de acostumbrarse desde cachorro a convivir entre la gente, el tráfico y demás ruidos y actividades, por lo que con posterioridad y una vez que dé muestras de haber asimilado lo que de él se requiere, es conveniente practicar los mismos ejercicios en lugares donde puedan tener lugar sus "paseos normales" para que, de esta forma, su preparación de convivencia en la ciudad, sea lo más real posible.
Durante lo paseos de ejercicios diarios, tendremos infinidad de oportunidades para "estimular" al perro y desarrollar mediante el juego, la práctica de algunos ejercicios que, posteriormente y con un poco de "retoque" serán de utilidad.
Es comprensible, que todos los perros no puedan reunir las condiciones ideales para participar en la alta competición, pero sí, para tener un compañero activo y equilibrado, apto para la ejecución de un cierto número de ejercicios, los cuales, si no van a encontrar a menudo sus aplicaciones en la vida diaria, permitirán al menos desarrollar su inteligencia y conservarle en buena forma física.
Fuente: Revista "Nuestros perros", nº 2 Noviembre-Diciembre 1997 |